lunes, 10 de diciembre de 2007

REDACTADO NATURALISTA ACTUAL

LA IMIGRACIÓN: ¿TODOS IGUALES?

Nada más cruzar el trozo que separa España de su tierra, él, Ibrahim pensó que su vida daría un vuelco espectacular. Y la verdad es que así fue, ya que pasó de sur un chico sin apenas futuro a conocer un mundo nuevo lleno de oportunidades y expectativas de tener una vida mejor.
Ibrahim llegó a un pueblo de la costa catalana, y allí fue donde empezó a dar sus primeros pasos hacia una mejor vida. Se instaló, primero solo, en una pensión y después, al cabo del tiempo, llegó Fátima, su novia de siempre. En el pueblo empezó a relacionarse con la gente nueva y a familiarizarse con una cultura nueva que tenía a su alrededor. Ibrahim se adató de forma rapidísima y con el paso del tiempo era uno más, es decir, un compañero más, un amigo más para toda la gente que le rodeaba. Ya tenía su grupo de amigos, conocía la lengua perfectamente y además era un chico que nunca causaba problemas.
Ibrahím se planteó formar una familia con Fátima y por esta razón decidieron alquilar un piso, ya que hasta entonces habían vivido en una pensión. Al tomar la decisión de cambiar de residencia, no todo fue tan fácil como les habían contado. Ibrahim y Fátima empezaron a mirar pisos, muchos pisos, hasta que tomaron la decisión de alquilar uno que habían visto y que pensaban que se adecuaba a sus necesidades. Hasta entonces todo bien, pero cuando tuvieron que ir a hacer el contrato todo se complicó. El propietario les vio por primera vez y empezó a poner trabas al alquiler del piso por parte de la pareja. Pensaron que no pasaría nada, pero al cabo de unos días el propietario les llamó y les dijo que el piso ya estaba alquilado por otra pareja. Esto les sucedió varias veces más y sin entender muy bien por qué. Hasta que se dieron cuenta que probablemente el único motivo que les impedía encontrar una vivienda eran los prejuicios de algunas personas respecto a la gente que procedía de otros países y de otras culturas. Finalmente, pensaron que no era justo, pero tanto Ibrahim como Fátima no cesaron en el intento de encontrar un piso.

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